lunes, 18 de enero de 2010

Redrado, su independencia, los argentinos y nuestras instituciones.



Creo que si la actual administración de la Argentina hubiera leído el libro de la portada que encabeza este post, tal vez nunca hubieran emprendido la cruzada en contra del presidente del Banco Central. No obstante que los "núcleo duro" de los Golden Boys (GB), según este interesante libro, no lo consideran a MR un GB de pura cepa, el ADN de estos ejecutivos, que tan bien describe el autor, no es el mas indicado al momento de buscarse un adversario. Se repite el mismo error de percepción al cometido cuando se eligió al "campo" como adversario.
Pero sin ánimo de agregar más confusión a la que reina en la opinión pública de la Argentina, es intención de estas líneas considerar el conflicto Gobierno-Redrado desde un ángulo un poco más incómodo pero tal vez un poco más "honesto". La idea es que genere en Uds. suficiente reacción para que la misma quede reflejada en Vuestros correspondientes comentarios a este post.
Con distintas personas con las que hablo sobre este asunto al final siempre dibujo la misma "curva" que resume la charla con cada uno de ellos. Dicha "curva" describe el nivel de esperanza respecto al futuro de la Argentina, la misma al comienzo de la charla arranca con su punto mas alto: "por fin le pusieron un freno a las arbitrariedades de este Gobierno", a medida que la charla avanza la euforia se torna mas prudente: "es probable que esto termine como todos los anteriores conflictos, Campo-Gobierno, AFJP-Gobierno, Futbol privado-Futbol del Gobierno, Areolineas Argentinas y muchos etcs. donde nunca estuvo claro que lo propuesto por el Gobierno era beneficioso para toda la Nación, pero no obstante, se impone su decisión", hasta allí la charla no logra despegarse de si el actual conflicto (Redrado-Gobierno) (y tal vez todos los anteriores conflictos) logran exceder la "distracción" de si el Gobierno "gana" o "pierde" en términos políticos y futbolisticos cada uno de estos "partidos". Parece que respecto a estos conflictos que se plantean en la Argentina, no logramos pensar mas allá de la coyuntura o de lo que indica nuestra "animosidad" (buena o mala) respecto del Gobierno, solo sobre el final, de cada uno de las charlas que mantuve sobre este tema asoma un asunto de fondo que hace al futuro de la Argentina, "lo que pasa es que las instituciones en la Argentina realmente son cartón pintado, por eso este Gobierno (y los que vengan) hacen y deshacen "a piaccere" y la sociedad civil, la oposición y los medios se le plantan pero solo para verlo retroceder políticamente (al Gobierno), pero no por una genuina preocupación por velar por las instituciones de la Nación". Si señores es acá donde la "curva" de la esperanza agarra una avenida oscura y triste. Cuando me despido de cada uno con los que tenido este intercambio, sobre el tema de este post, me voy con la cabeza gacha, pateando cascotes y preguntándome primero sobre cuan acertado es pensar la fatalidad que se resune como: las instituciones en la Argentina son cartón pintado, y en segundo lugar de ser esta apreciación aunque sea un "poco" acertada, que podemos hacer para cambiar esta situación y encarar asuntos como el que hoy domina el interés político con un enfoque puesto en el progreso del país.

lunes, 4 de enero de 2010

Cuando falta el puntapié inicial



Preocupa el preconcepto del sector rural
En nuestra Nación, el rol económico y social del sector agroindustrial todavía no está definido. ¿Estamos haciendo lo necesario para lograr consenso respecto de este tema?

Tal vez un buen comienzo sería tratar de definir qué comprende este sector.

Existe una tendencia a pensar que es un sector principalmente de producción primaria y sin agregado de valor ni generación de empleo.

Los habitantes urbanos con poco contacto con el sector junto con la dirigencia política, tiende a pensar a la actividad del sector como la producción de los cuatro cultivos principales (trigo, maíz, girasol y soja), más la producción de leche y carne.

Esta mirada estrecha es lo que en ciertas ocasiones no permite apreciar sobre que estamos discutiendo cuando discutimos sobre los asuntos del sector agroindustrial de la Argentina.

Aunque mantuviéramos la mirada estrecha se debe destacar que producir competitivamente y en forma sustentable los productos mencionados, significa agregar valor, ya que producir lo mismo que un competidor, pero a un menor costo es una forma de agregación de valor.

Sin ánimo de discutir sobre agregación de valor en producción primaria, nos preocupa si, el concepto que se tiene del sector.

Definición
Muchos centros académicos lo han definido, el doctor Ray Goldberg de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard se destaca por ser un pionero en el tema.

El define al sector como todas las cadenas de valor involucradas en un abanico que va desde el desarrollo de genética animal y vegetal hasta los alimentos listos para ser consumidos o hasta el litro de biocombustible que se cargará en el tanque.

Sin ir más lejos si nos detuviéramos en el inicio de este abanico, podríamos constatar que el desarrollo de un evento biotecnológico puede llevar por lo menos entre 5 y 10 años a un costo de varios millones de dólares y que involucra a agentes privados y del Estado como inversores, biólogos, genetistas, veterinarios, ingenieros agrónomos y demás participantes; si no ver el caso de Bioceres. En cada una de las etapas de producción que nos detengamos, o en cada una de las cadenas de valor que analicemos, encontraremos una vasta red de actores involucrados.

Por ejemplo, la cadena del vino involucra desde un jornalero que recoge uva en la vendimia, hasta un sommelier que recomienda en un restaurant el consumo de un determinado vino.

Hacer el ejercicio de aproximarse al sector con una mirada más abarcativa e integral nos permitirá tomar conciencia del lugar económico y social que ocupa en nuestra Nación.

Interesante es ver como nuestros principales competidores logran tener esta visión abarcativa e integral. Uruguay, Chile, Brasil, Nueva Zelanda, Australia, Estados Unidos, por mencionar algunos de los principales jugadores mundiales de los agronegocios, piensan, planean y actúan, en esta área, en función del potencial y sustentabilidad económica y social de sus agronegocios.

El convenio de cooperación entre los gobiernos de Chile y Australia firmado la semana pasada está en esta línea. El mismo cubre el intercambio de expertos, académicos y empresarios en los siguientes temas: agricultura, alimentos, pesca y recursos forestales con énfasis especial en biocombustibles.

El tratado de libre comercio entre Chile y los Estados Unidos tiene, entre otros objetivos, que los productos alimenticios de nuestro hermano país ingresen al mercado del Nafta sin trabas comerciales.

Las inversiones en Uruguay de Fonterra (principal productor de leche del mundo de origen neocelandés), responde a un acuerdo de intercambio de negocios consensuado entre ambos países. El acuerdo sobre desarrollo de combustibles de origen vegetal entre los gobiernos de Estados Unidos y Brasil es también un buen ejemplo sobre el status estratégico que tiene para ellos.

Mientras tanto, la Argentina sigue debatiendo sobre si el desarrollo del sector agroindustrial es algo positivo o negativo para el futuro de la Nación.

El debate campo-Gobierno no permite ver que el problema y las oportunidades son mucho más grandes que el nivel de retenciones a las exportaciones.

La voracidad de un Estado con ingresos menguantes y costos en alza, y la pasión del sector por defender sus derechos, son árboles que no permiten ver un bosque en el cual países competidores-cooperadores ya están avanzando a paso firme.

Tal vez una forma mas productiva de ver este problema sería encontrando una visión consensuada por toda la sociedad del lugar que ocupa este sector socioeconómico en nuestra Nación.

Consenso
Si se lograra este consenso, la instalación de los asuntos agro, como uno de los asuntos de Estado debería ser un hecho natural.

Atención, no se lo sugiere como el único asunto de la Nación, pero si uno de ellos. Una vez instalado, se podría insertar en la agenda del Gobierno la elaboración de un plan estratégico consensuado por toda la sociedad.

En la Argentina están dadas todas las condiciones, sigue faltando una decisión política público-privada que dé el puntapié inicial a este proceso.